Aínda conservas o teu libro de idiotas?
Tuve conocimiento de la existencia de un registro de idiotas al leer “A Praia dos afogados» (La playa de los ahogados) de Domingo Villar (Vigo 1971-2022). En ella, el padre del inspector Leo Caldas, personaje principal de las novelas(1) del escritor vigués, tiene un libro de idiotas en el cual a lo largo de los años fue anotando todos aquellos que se cruzaron en su camino.
En esta novela y en la siguiente (O último barco) se menciona en varias ocasiones el libro de los idiotas, una cuando Leo piensa pedirle a su padre que incluya en el libro al Comisario Soto; otra cuando él es amenazado con ser incluido en sus páginas.
Me gustó tanto la idea que terminado el capítulo, no tardé ni un minuto en coger uno de mis cuadernos de notas para imitar al señor Caldas padre. Repasé en el Diccionario de la RAE las acepciones de idiota y después de quedarme con las dos primeras, decidí ampliar mis horizontes. Mi registro personal se llama: “Cuaderno de los idiotas, sinónimos y asimilados”.
Sin pérdida de tiempo comencé a rellenar sus hojas con todos aquellos arrogantes, atorrantes, bienquedas, cortos de entendimiento, egoístas, ególatras, encantados de haberse conocido, engreídos, estúpidos, idiotas, ignorantes, imbéciles, indiscretos, indolentes, mala gente, mediocres, memos, memos integrales, mentirosos, necios, pagafantas, palurdos, pánfilos, políticos de medio pelo, presuntuosos, sanselos, soberbios, sobrados, vagos, vendedores de humo, tarúpidos, zotes y cachos de carne bautizá con los que he tenido la fortuna de cruzarme en mi vida. Ya llevo dos cuadernos y lo que te rondaré morena, porque puesto a recordar me viene a la memoria hasta lo de la callejina y en estos días de frío, niebla, llovizna y villancicos hasta decir basta, me pide el cuerpo un desahogo.
No obstante, amigo lector, he de ser sincero conmigo y contigo porque estoy convencido que es posible que, tal vez, algunos de estos personajes que ahora habitan en mi cuaderno piensen de mí que soy merecedor de alguna de las definiciones mencionadas. Pongo en duda, sin embargo, que tengan la capacidad intelectual suficiente para hacer algo similar. Si eso sucediera, que sepas que me trae al pairo. Ellos sí que están en mi cuaderno por méritos propios, con nombre y apellidos, característica que les hace acreedores de estar ahí y situación en la cual coincidí con semejantes especímenes de la raza humana. De muchos huyo como perseguido por un inspector de hacienda si los oteo por la calle. Y si en alguna ocasión en las que mis radares no han estado en su mejor momento y he sido cazado de improviso, después del saludo, por educación que no por gusto, resuelvo la incomodidad en unos minutos.
–Disculpa que no me pare, fulano, pero llego tarde –le digo poniéndole la mano en el antebrazo.
–Si es solo un minuto, Laga, te voy a contar una cosa que…
–Muy interesante, seguro, pero llego tarde. Adiós.
El sujeto suele quedarse pensativo mirando a un lado y a otro, no tanto para buscar a otro despistado a quien contarle sus milongas, sino por si alguien conocido ha presenciado la escena. Ellos son así, con menos luces que el barco de un contrabandista.
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Notas:
- Ollos da agua (2006) Ed. Galaxia. / Ojos de agua (2006). Ed. Siruela.
A Praia dos afogados (2009) Ed. Galaxia. / La playa de los ahogados. Ed. Siruela.
(Adaptación al cine con el mismo título en 2015).
O último barco (2019) Ed. Galaxia. / El último barco. Ed. Siruela.

