El hijo del héroe (novela)

Un hombre no siempre es dueño de sus decisiones, a veces es la vida quien decide.

(Berto Tejera Rodríguez, personaje de la novela)

Decía Atahualpa Yupanqui que “Hay dos tipos de Historia, la que escriben los historiadores según el escaño donde están sentados y la otra, la que no se escribe, sino que se canta o se calla, que es la del pueblo”, (Revista Crisis Nº 29, pág. 40. Buenos Aires, 1975). 

“La Historia, la maldita Historia…”, maldice Ernesto, el protagonista de la novela «El hijo del héroe» de la autora cubana Karla Suarez. La Historia con mayúscula (el materialismo histórico, la teoría marxista de la Historia); la presencia de la Historia a flor de piel metida en la vida de los cubanos mientras comían, almorzaban, desayunaban, que se metió en sus camas, en sus familias, en sus juegos infantiles y se les pegó a la piel hasta convertirlos en huérfanos. Siempre he manifestado que a la revolución cubana lo que le falló no fue el guión, sino la puesta en escena, pero esta es una opinión muy personal.

Esta novela habla de la Historia, sí, y también de otras historias. Las personales, las que marcan, las que duelen, las que importan. «No es una novela de guerra, ni sobre la guerra. Es una novela sobre las consecuencias de la guerra», aseguraba Karla Suarez en la presentación del libro en la XX Feria Internacional del Libro, Zócalo Virtual, 2020. Es la cuarta novela con la que la autora conformó su “sinfonía cubana” (Silencios, 1999; La viajera, 2005; Habana año cero, 2011 y esta publicada en 2017).

Conocí la obra de Karla Suarez a través de la lectura ocasional del cuento “Un poema para Alicia”. Me cautivó. Del cuento salté a sus novelas y tuve la suerte de tenerla como profesora en la Escuela de Escritores, en el Taller de Novela Corta. He querido inaugurar con uno de sus trabajos la Sección  de este Blog, “algunas Lecturas”.

Karla nos explicaba en el Taller que parte del oficio de contadores de historias consiste en encontrar las primeras líneas que atrapen al lector. El comienzo debe ser funcional. Tal como nos enseña Julio Cortazar: “Tomen ustedes cualquier cuento [relato] que prefieran, y analicen su primera página. Me sorprendería que encontraran elementos gratuitos, meramente decorativos. (…)”.

«El hijo del héroe» comienza con un párrafo contundente: «A mi padre lo mataron una tarde que hacía mucho sol…». Ese será el hilo conductor que nos mostrará el desarrollo de la vida del protagonista. «Ese día terminó mi infancia». La infancia arrancada de cuajo. Así comienza el viaje iniciático del muchacho.

La novela consta de veinticinco capítulos cada uno de ellos con el título de una obra literaria: La selva oscura, de Pío Baroja; El Capitán Tormenta, de Emilio Salgari; Sin novedad en el frente, de Erich María Remarque; Así en la paz como en la guerra, de Guillermo Cabrera;  o Hijo del hombre, de Augusto Roa Bastos; hasta las veinticinco. El protagonista nos contará que tiene un juego para ligar con las chicas consistente en utilizar el título de obras literarias para montar una conversación. Algo que le viene de su padre, aficionado a hacerlo con los títulos de las películas.

Narrada en primera persona, Ernesto, llamado así en honor del Comandante Ché Guevara, nos irá describiendo su infancia marcada por la ausencia del padre caído en la guerra. La vida en la isla, afectada por la rigidez política, donde el adoctrinamiento, el internacionalismo proletario, la visión de la Historia (con mayúsculas), el desabastecimiento de alimentos, el embargo económico o los cortes de suministro eléctrico, marcan la cotidianidad de sus habitantes.

Ernesto rememora la vida de su padre. Le imita. En su interior quiere ser como él: la profesión, el amigo del alma, las correrías con las chicas. Siempre perseguido por el recuerdo del padre ausente, nos contará su viaje vital que le llevará de Cuba, junto con Renata, su mujer, primero a Berlín para más tarde asentarse en Lisboa, con retornos a la isla y el viaje final a Angola. Viaje que estará presente en toda la narración y durante el cual irá deshilvanando su particular historia.

En la capital alemana comienza a acumular información sobre la participación de Cuba en la guerra de Angola y crea un Blog donde va dejando sus averiguaciones; intenta reconstruir la muerte del padre mientras va percibiendo las contradicciones de la Revolución.

Instalados en Lisboa, su obsesión  con Angola, con la participación de su país en aquella guerra lejana, el destino de su padre y de otros muchos va en aumento. Tanto que descuida su relación sentimental y… Comprenderás que no voy a fastidiarte el relato. Sí te diré que Renata, su mujer, su compañera, su amiga, le quiere, le sufre, y siempre le cuida.

En Lisboa conoce en un bar a Berto, un extraño hombrecillo. Un cubano afincado en Portugal que participó en la guerra de Angola. La amistad se irá cimentando a pesar de las reticencias de Renata que no se fía de él. 

Berto, jugador de ajedrez, llevará a Ernesto a través del tablero de la Vida en una partida lenta, con movimientos tácticos al estilo soviético, que el muchacho no percibe y a través de los cuales le situará en una posición propicia para darle jaque mate. Descubrirá que Berto Tejera Rodríguez es un desertor. Descubrirá más cosas…

En su fijación por reconstruir la historia ¡por fin! averigua la verdad. Toda su vida ha estado marcada por ser el hijo de un héroe y decide poner punto y final a su búsqueda viajando al origen de todo: Angola. Por una vez —se dice a sí mismo— mi vida es más importante que la Historia.

No voy a destripar el desenlace de la novela. Pero quiero compartir contigo una anécdota: mientras cursaba el Taller de Novela Corta en la Escuela de Escritores, Karla tuvo que viajar a La Habana («Labana, como se dice de cariño», nos comentó) y todos sus alumnos le enviamos mensajes con buenos deseos.

—Disfruta del viaje, de tu familia y de tus amigos —le desee— Y si paseando por el malecón te encuentras con el hijo del héroe, dile que le perdone. Que hizo lo que pudo. Que un hombre no es siempre dueño de sus decisiones. Dile que no siga malgastando su vida. Dile que Viva.

Y para terminar, Amigo lector, aquí te dejo un regalo: Una canción de Carlos Puebla: un simple trovador que canta, como reza el epitafio grabado en su tumba.

Carlos Puebla (1917-1989) – De Cuba traigo un cantar.

Nos vemos pronto. ¡Que tengas un buen día!

Comentarios

  1. Belén Tato

    Bueno es el primero que leo y me ha encantado… Te seguiré con los ojos cerrados.
    Nos vemos pronto.


  2. Paloma

    Genial el blog y mejor los contenidos. Como era de esperar es siempre apetecible leerte; te llevaré de vacaciones para hacerlo con más relax



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