O braga o bolsa, he ahí la razón de los crímenes más terribles, por no decir de todos los crímenes.
La taberna de Silos. Capítulo: Últimos días. La magia de Fátima
«La taberna de Silos» es una novela de corte histórico ambientada en el siglo XIII, con tintes a veces cómicos, otros truculentos, divertida, muy documentada, con una arquitectura literaria armoniosa y una prosa excelente que te atrapa desde el primer momento. Protagonizada por un Gonzalo de Berceo irreverente, con escasa fe, amante del vino y de otros placeres mundanos, convertido a su pesar en el centro de la trama de unos asesinatos que tratará de aclarar.
Pero no solo es todo eso; es, además, una recreación de cómo era la sociedad monacal con sus intrigas, bajezas, intereses carnales y económicos; pero sobre todo, es un canto al vino: «al fin y al cabo el camino de Santiago, más que una Vía Láctea como quieren algunos, es vía del vino», afirma el protagonista. [Pág. 281]. En la lectura de la novela averiguarás el motivo.
La cultura del vino en la sociedad medieval
El consumo de vino en la sociedad medieval era algo más que una bebida placentera que ayudaba a apagar las penas puesto que el agua, además de ser de mala calidad, era el principal foco de difusión de epidemias de peste y otras enfermedades.
Las cantidades de vino a consumir por el personal estaban fijadas según las ocupaciones u oficios: para los soldados, los prisioneros, los obreros en catedrales y obra pública, e incluso para los pobres a quienes se repartía como limosnas en las puertas de catedrales y conventos.
Durante la repoblación de tierras ganadas a los musulmanes se obligaba a los colonos a tener casa y plantar un número determinado de viñas si querían beneficiarse del reparto de la propiedad de la tierra. Era el llamado sistema de «casa y viña» (1).

Detalle de inicial `V´ historiada: Un monje bodeguero cata vino de barril con una escudilla, mientras con la otra mano llena su jarra. Li Livres dou Santé. Aldobrandino of Siena. Francia, siglo XIII. British Library, Sloane 2435, f. 44v. 002562
Para los monjes, la Regla de San Benito establece un cuartillo al día, salvo para aquellos que por sus ocupaciones y a discreción del abad pudieran exceder esa cantidad.
Regla de San Benito. Cap. 40 – La ración de la bebida
Pero si las circunstancias del lugar, el trabajo o el calor del verano exigen algo más, quede al arbitrio del superior, cuidando sobre todo no dar lugar a la hartura o embriaguez. Aunque leemos que el vino de ninguna manera es propio de los monjes, como en nuestros días es imposible persuadirles de ello, convengamos al menos en no beber hasta la saciedad sino con moderación, porque el vino hace apostatar hasta a los sabios».
Todo el mundo bebía vino, por eso era necesario asegurar su abastecimiento. Se plantaban viñedos al mismo tiempo que se construían monasterios; las autoridades municipales dictaban normas para proteger la cosecha local frente al vino forastero.
La rivalidad comercial entra San Millán y Silos
El narrador de la novela menciona la rivalidad entre San Millán y Silos, no solo por cuestiones de jerarquía eclesiástica sino porque los silenses pretendían que los caldos del Duero eran mejores que los de las riberas del Ebro, del río Oda, o de las del Cárdenas. Una competición comercial en toda regla.
Existen documentos de la época que demuestran que Juan Sánchez (1209 – 1293), abad de San Millán, compró tierras en los alrededores de Badarán, localidad vinícola ubicada en el valle del río Cárdenas, afluente del Najerilla, a escasos kilómetros del Monasterio de Yuso, en el denominado «Valle de la Lengua», en la Rioja Alta.
El vino es la medida del tiempo
Nos dice el protagonista que el vino es la medida del tiempo: «Los años, el tiempo de nuestra vida, […] están en manos del vino, que marca las estaciones igual que la sangre que late en nuestras venas marca nuestra edad». Para continuar en otra ocasión:«si se podan las viñas, estamos en marzo; si se reparan los toneles, en agosto; si se vendimia, en septiembre, y si se pisa la uva y elabora el vino, ya será octubre. Es tiempo, es sangre, es vida y, en estas tierras, es la tinta con que se corroboran los acuerdos».1
«Como la vida es el vino para el hombre, si lo bebes con medida. ¿Qué es la vida a quien le falta el vino, que ha sido creado para contento de los hombres? Regocijo del corazón y contento del alma es el vino bebido a tiempo y con mesura». Esto nos cuenta el Libro del Eclesiastés (Cap. 31, vers. 27-28); y a buen seguro que el de Berceo lo conocía al dedillo y lo aplicaba con diligencia.
Ficha técnica de «La taberna de Silos»

- La taberna de Silos
- Lorenzo G. Acevedo
- TusQuets Editores. Barcelona, 2023
- Colección Andanzas
- Rústica, 285 páginas
- ISBN: 978-84-1107-319-6
- Género: novela histórica, novela policíaca
¿Quién se oculta tras el pseudónimo de Lorenzo G. Acebedo?
La publicación en junio de 2023 (TusQuets Editores. colección andanzas) de esta novela firmada por un desconocido Lorenzo G. Acebedo, supuso un terremoto de mediana intensidad entre los críticos literarios: nadie sabía quién era y casi todo el mundo especulaba acerca de quien se ocultaba detrás de ese seudónimo.
La descripción que del autor hace la editorial en la solapa del libro es tan críptica como embaucadora: «Tras el nombre de Lorenzo G. Acebedo se oculta un escritor que abandonó en su juventud los estudios teológicos por el retiro monacal y, algún tiempo después, el retiro monacal por una mujer, En la actualidad reside en un pueblo de La Rioja. La taberna de Silos es una primera novela».

Lorenzo G. Acebedo es un pseudónimo, pero también es un anagrama de Gonzalo de Berceo. El propio autor, sea quién sea, reconoce en una entrevista a Europa Press que la editorial Tusquet admitió su deseo de no desvelar su verdadera identidad. Y en la entrevista que realizó para la Agencia EFE, publicado por el periódico La Razón (puedes leer la noticia aquí), explica los motivos por los cuales prefiere seguir siendo un desconocido para el público.
E incluso algún periodista (Alberto Olmos en su Blog «Mala Fama», El Confidencial, 10/11/2024), se permitió sembrar la duda de quién podría ser en realidad Lorenzo G. Acebedo. De quien ya había escrito una reseña de la novela un año antes.
A mí me da lo mismo la verdadera identidad del autor, siempre seré su deudor por los buenos ratos que he disfrutado con su lectura.
Estructura y claves de la novela
Un Gonzalo de Berceo con setenta años, en el frío de la vejez según nos dice, nos cuenta la aventura que treinta años antes le llevó de San Millán a Silos con el encargo, aparentemente sencillo, del abad Juán Sánchez de copiar un texto latino al parecer encontrado de casualidad (y presuntamente inventado) y escribir una Vida de Santo Domingo en verso castellano.
La narración comienza in medias res, con la acción situada durante la comida en el refectorio del Monasterio de Silos el décimo día de los dieciséis que componen la aventura del poeta. Un banquete accidentado, con confesiones de por medio, una mujer disfrazada de monje y un asesino…
Aquí comienza la historia: el protagonista recibe la visita del abad que le hace el encargo de ir a Silos y, además de copiar el texto latino, entregar una carta y cerrar un negocio con un terrateniente de la zona. El abad es el inductor para que Gonzalo abandone su zona de confort. Este se niega, pues está muy a gusto con sus viñedos, su negocio de copistería de libros junto a su hermano, su escritura cuando le viene la inspiración y Teresa, su compañera. Pero el abad impone su autoridad y le da tres días para iniciar la marcha.
La narración sigue la estructura del Viaje del héroe, de Campbell. El protagonista encontrará aliados (Fray Garci Núñez, que va a Silos por un asunto familiar; Lope Ruiz, un sarraceno borracho, manco y gran entendedor de vinos; Orosabia y Fátima la musulmana, las dos heroínas; Fray Bermudo, el escultor); tendrá que lidiar con su antagonista Aznaro, un benedictino giróvago con oscuros intereses (Ver nota 2); se enfrentará a pruebas que no tenía previstas, salvará y dará un futuro a un niño desgraciado. Culminará su misión y volverá a casa. «Salí con vida, más viejo, pero no más sabio».
¿Un guiño a Raymond Chandler?
Hay en la novela unos gazapillos y un pseudo plagio de la novela «El largo adiós» de Raymond Chandler; sin embargo no es creíble que un autor tan documentado haya cometido esos errores. Me decanto por pensar que los ha dejado ahí a propósito.
¿Un guiño al lector avispado, un homenaje a Chandler? Esto último es la opinión de mi hija Violeta. Te dejo una pista, porque decírtelo sería cruel por mi parte: los gazapillos tienen que ver con el siglo, con el momento histórico, con lo culinario.
¿Tabla comparativa: ¿Plagio, homenaje o anacronismo goliardo?
| «La taberna de Silos» (Lorenzo G. Acebedo) Cuarto día. Pág. 119 |
«El largo adiós» (Raymond Chandler) Capítulo XIII |
|---|---|
| «Hay rubias y rubias. Ninguna rubia carece de interés, excepción hecha de la abadesa rubia, que mira de reojo a través de las pestañas transparentes y cuyo trato es tan suave como el de una piedra de amolar. Está la diminuta rubia provenzal, que pía y gorjea, y la gran rubia bretona, que te mira con ojos gélidos y calculadores, como si estuviera en un puesto del mercado y no acabara de decidirse, pero nunca se le quitará ese miedo a ser víctima del engaño de un mercader bizco. Está la novicia rubia que te mira con ojos de ternero degollado y se cuelga de tu brazo y siempre anda cansada, muy cansada, cuando la quieres llevar a otro sitio. Está la rubia soberbia y complaciente, a la que no le importa adónde la lleves, con tal de que sea un palacio, ni lo que le regales, con tal de que se trate de perlas o rubíes. Está la serrana rubia y rotunda que acomete y ladra como un mastín, pero comparte el pan y el cuarto de vino que le queda, у solo quiere que los dos seáis felices. Está la rubia de altanería, con corpiño bordado y dientes que le impiden cerrar del todo la boca, manos pequeñas y tobillos casi tan anchos como las rodillas, que acepta cualquier halago, pero ama en secreto a un conde que aún no ha aprendido a vestirse solo. Y también está en una categoría aparte la gloriosa rubia dorada que sobrevivirá a tres cardenales y se casará después con un anciano príncipe, у acabará viuda, rodeada de cortesanos y bufones, enanos y juglares, caprichos, devaneos y desvaríos, en un castillo roquero a orillas del Ebro o del Arlanzón.» |
«Hay rubias y rubias, y hoy es casi una palabra que se toma en broma. Todas las rubias tienen su no sé qué, excepto, tal vez, las metálicas, que son tan rubias como un zulú por debajo del color claro, y en cuanto al carácter. Tan suave y blanco como el empedrado de la acera. Existe la rubia pequeña y agradable, que gorjea como los pájaros, y la rubia alta y estatuaria, que lo envuelve a uno en una mirada azul de hielo. Existe la rubia que lo mira a uno de arriba abajo y tiene un perfume encantador y resplandece tenuemente y se cuelga del brazo y está siempre muy, muy cansada cuando usted la acompaña a su casa. Ella hace ese gesto de impotencia y tiene ese maldito dolor de cabeza y a usted le gustaría aporrearla, aunque esté contento de haber descubierto lo del dolor de cabeza antes de haber invertido en ella demasiado tiempo, dinero y esperanzas. Porque el dolor de cabeza siempre estará así, es un arma que nunca deja de usarse, y tan mortífera como la espada del asesino o el frasco de veneno de Lucrecia. Existe la rubia dulce, dispuesta y aficionada a la bebida, y que no le importa lo que lleva puesto siempre que sea visón -o adónde va- siempre que sea el «Starlight Roof» y haya mucho champaña seco-. Existe la rubia pequeña y altiva que es una verdadera compañera y quiere pagar ella su cuenta y está llena de luz de sol y de sentido común que sabe judo y puede lanzar al aire, por arriba del hombro, al conductor de un camión, etc…» |
Así pues, Amigo Lector, sírvete una generosa copa de vino, acomódate en tu sillón de lectura favorito y disfruta de esta prosa en román paladino, en la cual suele el pueblo hablar a su vecino. [«Vida de Santo Domingo de Silos»].
Un regalo musical goliardo
Y como es costumbre, un regalo para ti: una pieza muy apropiada, según mi humilde opinión, para la época y circunstancias que se narran en esta obra: In taberna quando sumus, un poema goliardo escrito en latín medieval a principios del siglo XIII que forma parte de la colección conocida como Carmina Burana. Parte IV.- In Taberna. Orquestada por Carl Orff en 1937.
Nos leemos pronto, Amigo lector. ¡Que tengas un buen verano y estupendas lecturas!
Notas y enlaces de interés:
- (1) La cultura del vino en la España antigua y medieval. Juan Piqueras Haba. Revista Oleana (Cuadernos de cultura comarcal), Nº 26, 2011. Ayuntamiento de Requena.
- (2) Regla de San Benito. Capítulo I. Clases de monjes. «La cuarta clase de monjes es la de los giróvagos, que se pasan la vida viviendo en diferentes provincias, hospedándose tres o cuatro días en distintos monasterios. Siempre vagabundos, nunca permanecen estables. Son esclavos de sus deseos y de los placeres de la gula».
- In taberna quando sumus, Letra en latín y español, así como una somera explicación de la «Säkularisation», que viene a ser como la desamortización en España, pero en Alemania: un auténtico fracaso. Los ricos se hicieron más ricos, gran parte del patrimonio de la Iglesia se perdió y los pobres siguieron siendo pobres.


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