«Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro»
Federico García Lorca
Desde mi juventud, como lector irredento que soy, fui acumulando libros. Libros que me acompañaron en mi aprendizaje como persona, que me acogieron en sus páginas al refugiarme en ellas en los malos y en los buenos momentos. Que formaron parte de mi equipaje.
De muchos tuve que deshacerme en mis mudanzas. Demasiadas. A lugares más pequeños donde era obligado hacer sitio a lo más indispensable; en hogares más amplios, los libros renacían reclamando su lugar en estanterías y rincones, para años más tarde volver a espacios reducidos donde lo básico, lo elemental para habitarlos, lo ocupaba casi todo. Libros que en los repartos de propiedad se fueron quedando en otras manos. Libros que tomaron, sin quererlo, el camino del exilio. Cada vez que me desprendía de mis libros sentía la desazón de quien se desprende de una parte de sí mismo.
Las circunstancias me acostumbraron a comprarlos de segunda mano. O de tercera. O de cuarta. O de quinta. Fue entonces cuando descubrí un mundo nuevo: libros que habían pertenecido a otras personas y que ahora llegaban hasta mí. Acariciados por muchas manos, leídos por muchos ojos. Guardianes de secretos que sus lectores les habían confiado y que nunca saldrían a la luz custodiados con lealtad entre sus páginas. Quiero pensar que aquellos otros que fueron míos, estarán bien acompañados y forman parte de la vida de otras personas.
¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!, suplicaba Fiódor Dostoyevski a su familia mientras estaba prisionero en Siberia.
¿Qué sería de nosotros sin los Libros? Nos permiten satisfacer el deseo de conocimiento, adquirir nuevos horizontes, sacar de ellos lo que cada uno de nosotros podamos y seguir adelante.
El diccionario de la RAE define peregrino como persona que anda por tierras extrañas, sinónimo de caminante, de viajero. Así que decidí llamarlos Libros peregrinos. En algunos de los que han llegado hasta mí he encontrado pequeños tesoros: un sello de libros procedentes de expurgo de Bibliotecas Públicas; dedicatorias como: “Hacemos el Camino de Santiago”; Ex-libris de lo más variopintos, algunos muy elaborados, otros más simples. Todos ellos dejando la impronta de su propietario.
En uno encontré en la contraportada una fotografía de la señora H.R. Schmuck junto a su mascota, un Basset hound con cara de buena gente, muy apropiado para el libro: “Tales of Edgar Allan Poe”, una 1ª edición de 1944 con unas magníficas ilustraciones de Fritz Eichenberg, con encuadernación en tapa dura y papel de baja calidad, que adquirí en la librería especializada en novela negra The Mysterious Bookshop, en Tribeca, en el Lower Manhattan. Esta librería cuenta con ocho Clubes del crimen a disposición de sus clientes. ¡Qué envidia sana!

Llevaba tiempo buscando “El otoño de la Edad Media”, de Alianza Universidad. Los de Historia, ellos siempre tan canónicos, nos preguntaban con desdén en aquellos días de nuestra juventud, ¿Aún no habéis leído el Huizinga?. ¡Pues no!, pero siempre se puede recuperar el tiempo perdido. Lo encontré ya de mayor en una librería de viejo de Salamanca. Un ejemplar manoseado, que escondía una sorpresa: en el capítulo 11 – La imagen de la muerte, profusamente subrayado, había (hay, pues no la he querido separar del libro) una postal con un detalle del Tímpano “El juicio final” del Portal principesco de la catedral de Bamberg Dom, en Alemania. El texto de la postal, dirigido al propietario del libro, cuenta que los remitentes estaban esperando un hijo, residían en Extremadura y estaban pendientes de conseguir plaza fija ¡Ay, pobres interinos!
Cuando tenía la oportunidad de visitar alguna tienda o puesto callejero de libros usados, siempre buscaba un ejemplar de “Los elegidos”, la novela de Chaim Potok ambientada en el Nueva York de finales de los 40, que nos cuenta la amistad entre dos jóvenes antagónicos: uno perteneciente a una familia judía liberal y sionista, el otro hijo de un rabino jasídico. La obra fue llevada al cine en 1981, con Maximilian Schell y Rod Steiger interpretando a los padres. ¡Extraordinaria!, no te la pierdas si tienes oportunidad.
Nunca la encontré hasta que un día, por casualidad la vi en el catálogo de una librería de Madrid. Lo interesante de esta historia es que una vez hecho el pedido me llamó por teléfono el librero para decirme que la sobrecubierta del libro estaba deteriorada y que por nada del mundo quería que me sintiera defraudado al recibirlo. Aquel librero me ganó para la causa y desde entonces le pido libros que me cuesta encontrar rebuscando en los puestos callejeros de las ciudades que visito.
De mis libros peregrinos al que más amor le tengo es a “Doce cuentos peregrinos”, de Gabriel García Márquez. Una primera edición del año 1992 de la Editorial La Oveja Negra (Bogotá, Colombia), con “Derechos exclusivos únicamente para Colombia, Venezuela, Perú, Bolivia y Ecuador [los países del Pacto Andino]. Prohibida su venta en los demás países del área idiomática de lengua castellana”, reza en los créditos de la edición. Un proyecto editorial en el que participó Gabriel García Márquez; pero esa es otra historia…
El libro lo adquirí en la librería-café “Housing Works Bookstore”, en las proximidades de Little Italy, en Manhattan. Esta librería y otra que hay en el distrito de Brooklyn pertenecen a la ONG Housing Works, que destina los beneficios de la venta de libros usados a ayudar a personas sin hogar con VIH/SIDA. Llevan trabajando desde hace más de treinta años para ayudarles. Les brindan atención médica, asistencia jurídica, alojamiento y cursos de reciclaje para encontrar empleo. Les acompañan durante el duro proceso de la enfermedad. Les ayudan a salir de la pobreza.
El tesoro escondido del libro: Una dedicatoria en una pegatina escrita a mano en papel amarillento, con una carga emocional muy grande que dice así:

“¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras”, decía Federico García Lorca en la alocución al pueblo de Fuente Vaqueros con motivo de la inauguración de la biblioteca pública en septiembre de 1931. Te dejo aquí, Amigo lector, el enlace a ese Discurso. Merece la pena leerlo.
Los libros son Vida. ¡Cuánto esfuerzo cuesta producir un Libro! El escritor, primero frente a la página en blanco y después buscando un editor; el editor valorando si es factible la producción; el corrector, el impresor, el distribuidor, el librero, se dejan la piel en el intento para hacer posible que ese fruto de tantas y tantas horas de trabajo llegue hasta nosotros.
Y cuando pasa el tiempo, amontonados en estanterías, almacenados en cajas en trasteros, sótanos o buhardillas, esperando una oportunidad de volver a ser útiles, se le envía a los contenedores de basura. ¡Es que nadie los quiere!, dicen algunos justificándose.
Dime, Amigo lector, ¿qué «libros peregrinos» tienes tú? ¿Alguno te marcó de manera especial por una dedicatoria, por quién te lo regaló, o lo que significaba en un momento de tu vida? Puedes, si lo deseas, compartir tu experiencia dejando un comentario.
Y como siempre, un regalo para ti: Un poema de Federico García Lorca interpretado por Paco Ibañez.
Nos vemos pronto, Amigo. ¡Que tengas un buen día!


Comentarios
Hola, acabo de encontrar tu blog en bloguers y he entrado a saludarte, después de pasearme por alguna de sus páginas. Comparto contigo el amor por los libros. Me ha gustado también la «acogida» de libros para una asociación. Si voy por Cáceres alguna vez, os llevaré libros, no lo dudes.
Espero que compartas los artículos que escribas en bloguers y así podré leerte, que ya te sigo por esa plataforma.
Seguimos escribiendo y leyendo. Encantada de conocerte. (Mi nombre es Merche).
Un abrazo. 🙂
Hola, Merche
¡Gracias!, por tu comentario.
Espero que aquí, donde cuidamos de los árboles, de los libros y de las personas, te encuentres como en tu casa.
Me he tomado la licencia de darme una vuelta por tu Blog, para conocerlo, que seguiré a partir de ahora.
Un saludo.